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3. Importancia actual de las enfermedades alérgicas

Dr. Carlos Colás Sanz

Médico especialista en Alergología. Jefe del Servicio de Alergología del Hospital Clínico, Zaragoza

¿Por qué son importantes las enfermedades alérgicas?

La importancia de las enfermedades alérgicas (EEAA) radica en su propia naturaleza. Son procesos muy frecuentes, que afectan en especial a niños y personas jóvenes, en las fases de sus vidas en las que la producción laboral o académica es más intensa. Interfieren de forma significativa en las actividades cotidianas y perturban el sueño a menudo. Las consecuencias socioeconómicas de todos estos aspectos son muy importantes y muy superiores a las que hace solo unas cuantas décadas se les atribuía.

La tendencia al crecimiento paulatino en la frecuencia de las EEAA ha sido una constante en las últimas cuatro o cinco décadas, con cierta aproximación al estancamiento en los últimos años, aunque solo en los países desarrollados. Este fenómeno se ha hecho especialmente patente en los procesos mejor estudiados, como la dermatitis atópica, la rinitis alérgica y el asma bronquial. El aumento de la frecuencia ha ido parejo a un incremento en la complejidad, como se ha observado en la presencia casi cotidiana de la coexistencia de alergias alimentaria y respiratoria en un mismo paciente.

Las EEAA interfieren de forma significativa en el proyecto de vida de los pacientes, ya que condicionan la elección de actividades profesionales o de ocio y ocasionan que renuncien al pleno desarrollo de sus expectativas en los distintos aspectos de su vida. Los cuadros más graves modifican en mayor magnitud el comportamiento y la actitud de los pacientes frente a sus proyectos futuros.

Todas estas circunstancias han despertado la inquietud de los investigadores y han motivado que las publicaciones científicas relacionadas con las EEAA se hayan multiplicado de forma espectacular en las últimas décadas, situándose al nivel de las relacionadas con patologías cardiovasculares o neurológicas. De forma paralela, tanto entidades públicas como privadas, alarmadas por el llamativo incremento en la progresión de estas enfermedades, han invertido cuantiosos recursos económicos en desentrañar la naturaleza de esta tendencia. Estos hechos tampoco han dejado indiferentes a los medios de comunicación, que se hacen eco reiteradamente de la preocupación de los médicos, de los pacientes y de las autoridades sanitarias por las enfermedades alérgicas.

¿Son tan frecuentes las enfermedades alérgicas?

La OMS ha llegado a clasificar las EEAA entre las seis patologías más frecuentes del mundo. Se estima que pueden afectar al 20% de la población mundial, y resultan más afectados los países desarrollados e industrializados que el resto. En nuestro medio, se calcula que una de cada cuatro personas puede padecer algún tipo de trastorno alérgico a lo largo de su vida. Las EEAA constituyen la patología más frecuente en la infancia, de entre las enfermedades crónicas que se pueden presentar en esa etapa. No obstante, se producen notables diferencias en la frecuencia de presentación de las distintas EEAA en las áreas geográficas de nuestro país. El asma bronquial, por ejemplo, es más habitual en zonas costeras e insulares que en las zonas del centro de la península, con oscilaciones que van del 1 al 5% de la población general; por su parte, el promedio europeo es del 6%.

La mayor parte de las restricciones que encuentran los pacientes alérgicos en su vida cotidiana pueden desaparecer con un diagnóstico y trata­miento apropiados. (Créditos, F. 10)

No existen datos definitivos de la asiduidad con que se presentan las distintas EEAA, ya que existe disparidad de resultados en los distintos estudios. No obstante, sí disponemos de datos fiables sobre el motivo de la consulta a los alergólogos por parte de los pacientes españoles: la rinitis alérgica, el asma y la alergia a los medicamentos ocupan los tres primeros lugares con una frecuencia del 54, 23 y 17%, respectivamente.

La rinitis alérgica es el proceso más habitual, que llega a afectar al 21% —en promedio— de la población general española, aunque existen, al igual que sucede con el asma, apreciables diferencias geográficas; la dermatitis atópica la sigue en frecuencia, ya que la padecen el 4% de los niños en edad escolar; la alergia a alimentos afecta al 3-5% de la población infantil, y se reduce a menos del 2% en los adultos. Aunque más del 10% de la población española cree que puede ser alérgica a algún medicamento, cuando se realiza un estudio alergológico apropiado, sólo se confirma con certeza en el 29% de estos casos.

Aparte de la alta frecuencia de las EEAA, también es muy importante su tendencia. Durante la segunda mitad del siglo xx han sufrido un incremento espectacular, multiplicándose su prevalencia por 5 en los países desarrollados. Sin embargo, parece que la tendencia en la última década es hacia el estancamiento, incluso un ligero decrecimiento.

En nuestro medio, una de cada cuatro personas puede padecer algún tipo de trastorno alérgico a lo largo de su vida. (Créditos, F. 11)

¿Llegan a interferir las enfermedades alérgicas en las actividades cotidianas?

La opinión pública, en general, tiende a considerar las EEAA como procesos molestos pero banales. Incluso esta percepción también la comparten algunos médicos. No son pocas las personas que no ven más allá de los síntomas que a veces pueden generar situaciones cómicas o estrambóticas como los estornudos repetidos o un prurito inesperado. Sin embargo, detrás de esos síntomas aparentemente poco trascendentes, se esconden importantes limitaciones en las actividades cotidianas y un notable deterioro en la calidad de vida de los pacientes con EEAA. Es muy importante que el afectado sea consciente de ello y que no se resigne a asumir que esa situación es normal en él. En un alto porcentaje de casos, la mayor parte de las restricciones que encuentran los pacientes en su vida cotidiana pueden desaparecer con un diagnóstico y tratamiento apropiados.

La influencia en las actividades cotidianas ha sido cuantificada en algunas de las EEAA más comunes, como la rinitis y el asma. En estudios desarrollados en nuestro medio, se ha podido comprobar que más del 60% admite limitaciones en la actividad física y en el trabajo, mientras que casi la tercera parte reconoce las limitaciones en la conducción de vehículos. Los pacientes con asma parecen sufrir una situación peor: hasta el 90% asumen tener limitaciones en su actividad diaria.

FIGURA 1. Impacto de las enfermedades alérgicas en la calidad de vida relacionada con la salud

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La calidad de vida de los pacientes con enfermedades alérgicas se halla dentro del 25% de individuos de la población general que peor calidad de vida tienen.
Fuente: Alergológica 2005.

Una manera muy fiable de cuantificar la interferencia de la EEAA en la vida cotidiana es la utilización de cuestionarios de calidad de vida relacionada con la salud. Estos instrumentos son un conjunto de ítems o preguntas, dirigidas a valorar la interferencia que tiene una enfermedad determinada en la calidad de vida, y que el paciente gradúa en una escala numérica de intensidad. Con este método podemos asignar valores cuantitativos fiables al deterioro de la calidad de vida. Además, podemos comparar el impacto que producen en ella enfermedades distintas, como el asma, la urticaria o la insuficiencia cardíaca. Así, se ha podido comprobar que la preocupación que experimenta el paciente por la enfermedad es similar en los que sufren rinitis y asma, en contra de lo que cabría esperar, al ser esta segunda enfermedad presumiblemente más grave. También llama la atención el hecho de que los pacientes con urticaria crónica estén más afectados que los de asma.

El estudio Alergológica 2005 nos permite comparar el deterioro de la calidad de vida en los pacientes afectos de EEAA con respecto a la población general. En la figura 1
se puede observar cómo los pacientes con EEAA están dentro del 25% de individuos de la población general que peor calidad de vida relacionada con la salud presentan.

¿Alteran el sueño las enfermedades alérgicas?

Sí, el sueño resulta alterado por las EEAA de forma significativa. Si bien el hecho de que determinadas EEAA como la rinitis, el asma o la urticaria empeoran generalmente por la noche es un fenómeno bien conocido desde el principio, la repercusión de estos procesos en el descanso nocturno no se ha establecido con claridad hasta que se ha empezado a medir, de forma sistematizada, la calidad del sueño en los pacientes afectados. Los estudios realizados en rinitis alérgica han ofrecido los resultados más inesperados, y se ha podido constatar que más de la mitad de los pacientes tienen el sueño alterado y que esta alteración es más patente en los que padecen una obstrucción nasal más intensa y una mayor gravedad clínica. Precisamente, los pacientes con obstrucción nasal intensa se exponen a un mayor riesgo —casi el doble— de desarrollar pausas respiratorias mientras duermen, fenómeno conocido como síndrome de la apnea obstructiva del sueño (SAOS). Por otro lado, más del 40% de los pacientes con rinitis alérgica padecen somnolencia diurna. La repercusión de todo esto en las actividades cotidianas y rendimiento laboral es evidente y la potencial propensión a sufrir más accidentes debe ser considerada. Afortunadamente, el tratamiento apropiado puede revertir de forma considerable esta afección.

La presencia de síntomas que perturban el sueño en los pacientes con asma, que no siguen tratamiento, es abrumadora, ya que afectan a más del 75% de ellos. En los que siguen un tratamiento convencional para el asma, esta cifra desciende al 30%.

La urticaria crónica es otra enfermedad que suele empeorar por la noche —especialmente el prurito cutáneo, que sistemáticamente aparece en estos pacientes— influyendo en la calidad del sueño de forma significativa en más de la mitad de los casos. La dermatitis atópica acusa un comportamiento muy similar al de la urticaria en cuanto a los trastornos en el sueño.

¿Cuánto nos cuestan las enfermedades alérgicas?

El coste económico de las EEAA es muy superior al que se podría sospechar. La OMS estima que sólo en el asma se invierte el 1% de todos los recursos sanitarios a nivel mundial, y que el impacto socioeconómico es semejante al de la diabetes, la esquizofrenia o la cirrosis hepática.

En nuestro país no disponemos de datos sobre el coste total de las EEAA. En regiones europeas con sistemas sanitarios parecidos al nuestro, como Escocia, las EEAA suponen el 4% de las consultas realizadas en atención primaria, y el 1,5% de todos los ingresos en el hospital, en una zona donde se estima que el 30% de la población general padece una o más enfermedades alérgicas. Para una población de poco más de 5 millones de habitantes, las EEAA representan un gasto anual (teniendo en cuenta sólo los costes directos, es decir, los derivados de la atención médica y el tratamiento) superior a 150 millones de euros, aproximadamente, unos 100 euros por paciente y año. Los elevados costes directos que comportan las EEAA están obviamente relacionados con la alta frecuencia con que se presentan, además de los notables consumos de medicamentos que precisan para su adecuado control.

Más difícil resulta calcular los costes indirectos, es decir, los derivados de la pérdida de días de trabajo o de la reducción en la productividad laboral. Se estima que estos costes indirectos son el doble que los directos. Una de las enfermedades que condiciona un mayor absentismo laboral es la dermatitis de contacto ocupacional, con una media de 24 días por paciente, según datos obtenidos en Estados Unidos. El problema en la mayoría de las EEAA es lo que se ha dado en llamar presentismo, que consiste en que el trabajador no se ausenta de su puesto, pero reduce significativamente su rendimiento laboral. En la rinitis alérgica, por ejemplo, este fenómeno adquiere una gran magnitud, ya que en un estudio recientemente elaborado en Suecia, se ha calculado que la reducción de la productividad equivaldría a la pérdida de 5 días laborables por trabajador y año, cuyo valor económico valoran en unos 650 euros al año. Estos datos son de gran importancia, puesto que en el mencionado país se llegarían a ahorrar aproximadamente 528 millones de euros al año si se consiguiese reducir a 4 el promedio de días laborables perdidos por rinitis alérgica.

¿Condicionan las enfermedades alérgicas la vida de las personas?

Muchas enfermedades alérgicas imponen profundos cambios en el proyecto vital de las personas. Se considera que uno de cada cinco pacientes con asma encuentra limitaciones en la elección de su carrera a consecuencia de la enfermedad. El problema no es menor en pacientes con procesos cutáneos, como la dermatitis atópica o la urticaria crónica, que cuando son graves o afectan a zonas visibles del cuerpo reducen notablemente sus opciones laborales y de ocio.

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Las enfermedades alérgicas a los animales de compañía son frecuentes en nuestro país. (Créditos, F. 12)

La aparición de EEAA de origen ocupacional —cau­sadas por sustancias presentes en el medio laboral—, como la rinitis, el asma o la dermatitis alérgica por contacto obligan en muchas ocasiones a reorientar la actividad profesional de los pacientes, a menudo con mermas en sus ingresos económicos y en el desarrollo de su carrera profesional. Estos hechos resultan mucho más dramáticos cuando tienen lugar en el seno de negocios familiares o es el propio paciente el que ha invertido su dinero en esa actividad.

Los potentes vínculos afectivos que a menudo desarrollan las personas con sus mascotas generan intensos conflictos cuando éstas se hacen alérgicas al animal de compañía. Se trata de un hecho muy común, con el que el alergólogo se enfrenta casi a diario en su consulta, puesto que la retirada del animal del domicilio del paciente sigue siendo la recomendación de elección, para tratar eficazmente este problema, incluso a pesar de los grandes avances en tratamientos farmacológicos e inmunoterapia específica acaecidos durante los últimos años.

¿Pueden llegar a ser graves las enfermedades alérgicas?

Aunque los procesos alérgicos leves o moderados predominan sobre los graves, hay cuadros clínicos que suponen una amenaza para la vida. Se estima que 250.000 personas, en todo el mundo, mueren de asma cada año, o al menos, acortan su vida por la enfermedad. A esto habría que sumar las complicaciones del tratamiento, que generalmente se reducen a los pocos pacientes que actualmente tienen que tomar corticoides orales o inyectados de forma continua, para alcanzar un mínimo grado de control de la enfermedad. A pesar de que la magnitud del problema no se conoce con exactitud, hasta el 5% de los asmáticos, en las previsiones menos optimistas, podría encontrarse en esta situación.

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Las enfermedades alérgicas no tratadas correctamente deterioran la calidad de vida y son responsables de un bajo rendimiento laboral. (Créditos, F. 13)

Las reacciones anafilácticas constituyen el otro gran grupo de EEAA que pueden poner en riesgo la vida del afectado. La anafilaxia suele manifestarse con síntomas cutáneos como urticaria y angioedema, junto con la alteración de otros sistemas como el respiratorio, cardiovascular o digestivo. De las reacciones más graves, las catalogadas como choque anafiláctico se presentan entre 3 y 10 casos nuevos al año por cada 100.000 habitantes, con una mortalidad que llega hasta el 6,5%, muy superior a la de las reacciones anafilácticas en general. La alergia a los medicamentos, a los alimentos y a las picaduras de himenópteros (abejas y avispas) constituyen los factores precipitantes más frecuentes de este tipo de cuadros clínicos; resulta esencial identificarlos con la máxima precisión posible, con objeto de evitar nuevas exposiciones a los mismos.

Aun existe otro grupo de EEAA, afortunadamente poco numeroso, que expone a una considerable mortalidad, conformado por reacciones graves a medicamentos, además de la mencionada anafilaxia, que afectan a extensas zonas de la piel y de las mucosas, y cuyo representante mejor definido es la necrólisis epidérmica tóxica, con una mortalidad de hasta el 20% de los pacientes afectados.

La complejidad de las enfermedades alérgicas ¿es una realidad o un mito?

Existe la creencia popular de que es difícil identificar las causas de las EEAA, lo que constituye un hecho real en no pocas ocasiones. No obstante, la auténtica complejidad de las EEAA radica en su naturaleza. Los fenómenos que han causado la eclosión de las enfermedades alérgicas en la segunda mitad del siglo XX siguen sin aclararse por completo, aunque se sabe que detrás de este suceso hay una complicada interacción entre la constitución genética y las modificaciones en el estilo de vida y en el medio ambiente. Además, la historia natural de las EEAA les confiere un carácter singular, de manera que el mismo individuo va superando distintas etapas con diversas manifestaciones clínicas a lo largo de su vida. En los primeros años son más comunes los cuadros clínicos de alergia a los alimentos, para posteriormente dar paso a los cuadros de alergia respiratoria, durante la adolescencia y la edad adulta. La dermatitis atópica, muy frecuente en la infancia, es rara en los adultos, pero predispone a los que la han padecido a desarrollar otras EEAA a lo largo de su vida.

Otro factor de complejidad de la EEAA es el carácter sistémico de las mismas. La visión organicista y simplista de las EEAA lleva a suponer que el proceso patológico se ciñe exclusivamente al órgano que está más visiblemente aquejado. Es una concepción errónea muy extendida. Uno de los ejemplos que contradicen esta percepción es el de la rinitis alérgica, que lejos de ser una enfermada exclusiva de la nariz, supone una participación de múltiples órganos y sistemas. Esta enfermedad implica al sistema sanguíneo y
la médula ósea en la producción y transporte de células con actividad inflamatoria a la mucosa nasal, afectando, por añadidura, al pulmón y las conjuntivas oculares con frecuencia, y produciendo manifestaciones clínicas generales, como malestar, cefalea, cansancio y alteración del estado de ánimo. Además, la rinitis alérgica se asocia a menudo a la alergia a los alimentos de origen vegetal, complicando su diagnóstico y tratamiento.

Nuevos retos complican el panorama diagnóstico y terapéutico de las EEAA, puesto que aparecen nuevas enfermedades, como la esofagitis eosinofílica, por ejemplo, que cursa con una inflamación intensa de la mucosa esofágica, la cual aparece infiltrada por eosinófilos —células de la sangre que tienden a concentrarse en los lugares donde se producen reacciones alérgicas—, y en la que resulta difícil identificar los alérgenos potencialmente causantes de la afección.

Tabla 1. Asociaciones de pacientes relacionadas con enfermedades alérgicas que permanecen activas en la actualidad

Nombre

Página web

Asociación Española de Alérgicos a Alimentos y Látex (AEPNAA)

www.aepnaa.org/

Asociación Gallega de Asmáticos y Alérgicos (ASGA)

www.accesible.org/asga/

Asociación de Familiares y Pacientes de Dermatitis Atópica (ADEA)

www.adeaweb.org

Asociación de Asmáticos Madrileños

www.asmamadrid.org/

Asociación Española de Alérgicos al Látex

www.alergialatex.com

Asociación Asmatológica Catalana

www.asmatics.org/

Asociación de Alérgicos a las Picaduras de Himenópteros (ADAPHI)

www.scaic.cat/scaic/adaphi.htm

Asociación Madrileña de Alergias Alimentarias

www. histasan.com

¿Preocupan las enfermedades alérgicas a los agentes sociales?

Las autoridades sanitarias de los países desarrollados empiezan a concienciarse del gran impacto económico y social que tienen las EEAA en la actualidad y están facilitando el desarrollo de programas e iniciativas para mejorar su diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, apenas existen estrategias comunes. La más notable es la GA²LEN (Global Allergy and Asthma European Network) que se ha planteado como red de investigación y está financiada por la Comunidad Europea. Esta plataforma ha respaldado iniciativas como la actualización de consensos de diagnóstico y tratamiento de la rinitis, el asma o la urticaria. La financiación pública también ha apostado fuerte por el estudio de la historia natural del asma y de los factores que pueden favorecer o dificultar el desarrollo de esta enfermedad. Así, se han sufragado decenas de costosos estudios de seguimiento, efectuados sobre miles de individuos, que son observados desde el nacimiento a la adolescencia, a fin de identificar los factores que propician la aparición de asma y otras EEAA. Los resultados están siendo evaluados en la actualidad. Especialmente notorio es el estudio ISAAC (International Study of Asthma and Allergies in Childhood), que estudia la prevalencia de las EEAA en la infancia, con la participación de más de cien países y unos dos millones de niños en todo el mundo, a lo largo de los últimos 20 años.

Por otra parte, los medios de comunicación también muestran un alto interés por las EEAA, conscientes de su gran alcance social. Las secciones de salud de prensa, radio y televisión se hacen eco, habitualmente, de aspectos relacionados con la alergia, que alcanzan su máximo con la información relativa a la alergia al polen. Las EEAA están entre los cuatro o cinco apartados relacionados con la salud que más impacto provocan en los medios de comunicación, junto con las enfermedades neurológicas, las cardiovasculares y el cáncer.

También es importante mencionar que las asociaciones de pacientes, fruto de la preocupación de enfermos y familiares por la afección que sufren, están desarrollando un papel muy importante en la concienciación social y política de la importancia de las EEAA. Promueven de forma eficaz el acceso de los pacientes a información útil, relativa a su enfermedad, y facilitan el desarrollo de programas de educación para enfermos y familiares. Su actividad puede influir en decisiones políticas encaminadas a producir mejoras en la asistencia a los que sufren estas enfermedades. En la tabla 1 se recogen algunas de las asociaciones de pacientes más activas en nuestro país.

Resumen

  • Las enfermedades alérgicas son procesos muy frecuentes, que afectan preferentemente a niños y personas jóvenes en las fases de sus vidas en las que la producción laboral o académica es más intensa.
  • Interfieren de forma significativa en las actividades cotidianas y perturban el sueño con frecuencia, ocasionando un impacto muy alto en la calidad de vida relacionada con la salud, equiparable al de otras enfermedades crónicas.
  • Las consecuencias socioeconómicas de las enfermedades alérgicas son muy importantes y notablemente superiores a las que hasta hace poco se les atribuía. Afectan al desarrollo vital de los pacientes, condicionando la elección de actividades profesionales o de ocio y limitando sus expectativas en muchos aspectos de su vida.
  • En consecuencia, han despertado la inquietud de gran parte de los estamentos sociales, promoviéndose grandes proyectos de investigación epidemiológica patrocinados con fondos estatales, sensibilizando la opinión pública, llamando la atención de la clase política y favoreciendo la generación de asociaciones de pacientes.

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