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1. ¿Qué es la alergia? ¿Qué estudia la Alergología?

Dr. Tomás Chivato Pérez

Médico especialista en Alergología. Servicio de Alergia del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, Madrid. Profesor asociado de Alergología de la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo, Madrid

¿Qué es la alergia?

La alergia es una respuesta exagerada (reacción de hipersensibilidad) del sistema defensivo (sistema inmunitario) del paciente que identifica como nocivas determinadas sustancias inocuas (como pueden ser los pólenes de algunas plantas o los ácaros del polvo doméstico, por ejemplo) habitualmente toleradas por la mayoría de las personas.

Esta respuesta inapropiada y equivocada, en lugar de ser beneficiosa, es claramente perjudicial para el paciente y produce una serie de alteraciones inflamatorias de la piel y mucosas, que originan los diferentes síntomas y signos de las enfermedades alérgicas que se describirán en esta obra.

¿Cómo se originan las enfermedades alérgicas?

Existen unos factores predisponentes genéticos y unos factores ambientales desencadenantes. Los antecedentes familiares son muy importantes. Se ha calculado que si uno de los progenitores es alérgico, la probabilidad de que el niño padezca alergia es aproximadamente del 50%. Si los dos progenitores son alérgicos, la probabilidad se acerca al 70%.

Es importante destacar que no se nace alérgico, se tiene una predisposición genética y en función de los factores ambientales la persona se hace alérgica a determinadas sustancias con capacidad de producir una respuesta inmunológica de hipersensibilidad y posteriormente alergia. Estas sustancias se denominan alérgenos.

Existen muchos tipos de alérgenos:

  • Inhalados o aeroalérgenos (pólenes, ácaros, epitelios de animales…).
  • Alimentarios (proteínas de leche de vaca, huevo, frutas, frutos secos…).
  • Fármacos (antibióticos, antiinflamatorios, anesté­sicos…).
  • De contacto (níquel, cromo, perfumes…).
  • Ocupacionales o laborales (látex, harina de trigo…).
  • Veneno de insectos (abeja, avispa…).

Todas estas sustancias pueden sensibilizar a la persona predispuesta, de modo que su sistema inmunitario produzca una serie de anticuerpos, habitualmente del tipo inmunoglobulina E (IgE) contra estos alérgenos. Estos anticuerpos tipo IgE se fijan a la superficie de unas células llamadas mastocitos (localizadas en la piel y mucosas) y basófilos (circulantes en el torrente sanguíneo). Cuando el paciente vuelve a tener contacto con el alérgeno se produce una interacción con la IgE fijada a dichas células y se efectúa un cambio conformacional en la superficie de estas células, que liberan una serie de mediadores proinflamatorios, responsables de los diferentes síntomas y signos de las enfermedades alérgicas.

La alergia es una respuesta exagerada del sistema inmunitario de algunas personas, que identifica como nocivas determinadas sustancias inocuas, como pueden ser los pólenes de algunas plantas. (Créditos, F. 1)

En el caso de los alérgenos de contacto, el mecanismo de hipersensibilidad implicado es de tipo retardado mediado por células (linfocitos). Los alérgenos de contacto sensibilizan a los linfocitos y, cuando el paciente vuelve a tener contacto con dichas sustancias, liberan una serie de mediadores proinflamatorios que provocan los síntomas y signos característicos de la dermatitis alérgica de contacto.

¿Cuáles son las enfermedades alérgicas más frecuentes?

Las enfermedades alérgicas más frecuentes son:

  • Rinitis alérgica. Es la enfermedad alérgica más frecuente. Afecta al 25-30% de la población de los países desarrollados. Produce estornudos en salva, secreción nasal acuosa, picor de nariz y congestión nasal. En muchos casos la rinitis alérgica coexiste con la conjuntivitis alérgica, que cursa con enrojecimiento conjuntival, lagrimeo y picor ocular. Además, puede asociarse al asma alérgica. Los alérgenos causantes de la rinitis alérgica más importantes son los pólenes (gramíneas, árboles y malezas), los ácaros del polvo doméstico, los epitelios de animales (perro y gato) y los hongos. Puede clasificarse en función de su severidad en leve, moderada o grave, y también en función de sus manifestaciones, en intermitente o persistente.
  • Asma alérgica. Es la segunda enfermedad alérgica por su frecuencia, y es muy importante por tratarse de una enfermedad crónica que puede cursar con crisis asmática. En algunas comunidades autónomas afecta al 10% de la población infantil. En la población adulta afecta al 5% de las personas. El asma produce tos, dificultad respiratoria (disnea) y ruidos inspiratorios y espiratorios torácicos (sibilancias). El asma alérgica suele cursar con los síntomas descritos anteriormente de la rinitis y conjuntivitis alérgica. Los alérgenos causantes del asma alérgica más importantes son los mismos de la rinitis alérgica. Al igual que la rinitis alérgica, puede clasificarse en función de su severidad en leve, moderada o grave, y también en función de sus manifestaciones, en intermitente o persistente.
  • Urticaria. Se trata de una enfermedad cutánea que se manifiesta por la aparición de ronchas (habones) que suelen picar (prurito). Estos habones pueden ser de tamaño, forma y localización variable. La duración de estas lesiones suele ser menor de 24 horas, aunque habitualmente según van desapareciendo pueden ir apareciendo nuevas lesiones. En ocasiones la enfermedad puede afectar a las partes más profundas de la piel y aparecen entonces hinchazones, y son más frecuentes en párpados o labios. En esos casos hablamos de angioedema. En algunos pacientes aparecen simultáneamente la urticaria y el angioedema, y en otros aparecen una u otra forma clínica por separado. La urticaria-angioedema puede ser de curso agudo (duración de unos días), subagudo, o crónico (duración superior a 6 semanas). Las causas pueden ser alimentarias, medicamentosas, picadura de insectos o parasitarias. Existe un angioedema hereditario que tiene unas peculiaridades especiales (y que se describirán en el capítulo correspondiente). La urticaria es una enfermedad muy frecuente que afecta a más del 10% de la población en algún momento de su vida.
  • Dermatitis atópica o eccema atópico. Afecta habitualmente a los niños desde las primeras etapas de la vida (lactantes), pero también a jóvenes y adultos. La sequedad cutánea es una de sus características principales; dicha sequedad produce picor intenso (prurito) e induce al rascado. El rascado repetido produce lesiones inflamatorias con enrojecimiento y descamación (eccema). La dermatitis atópica puede ser leve, moderada o grave en función de la extensión e intensidad de las lesiones cutáneas. Como la mayoría de las enfermedades alérgicas, tiene un curso crónico y puede asociarse a otras enfermedades alérgicas alimentarias o respiratorias.

Cualquier tipo de alimento es susceptible de provocar síntomas alérgicos en una persona sensibilizada. (Créditos, F. 2)

  • Dermatitis alérgica de contacto. Es una enfermedad alérgica producida por el contacto directo de la piel con los alérgenos que pueden producir sensibilización y posterior eccema de contacto. Las lesiones son muy variadas en función del grado de severidad (leve, moderado, grave) y de la extensión. Puede tener un curso agudo, subagudo o crónico en función de la exposición al contactante. Algunos alérgenos que pueden producir esta enfermedad alérgica son los metales (níquel, cromo, cobalto), tintes de cabello (parafenilendiamina) o el látex.
  • Alergia alimentaria. En esta enfermedad alérgica los alimentos ingeridos son los alérgenos responsables de la reacción de hipersensibilidad. Las manifestaciones clínicas más frecuentes son picor o hinchazón de labios y boca (síndrome de alergia oral). En ocasiones cursan con manifestaciones digestivas (náuseas, vómitos y/o dolor abdominal) o cutáneas (dermatitis atópica o urticaria). Los casos más graves pueden producir anafilaxia. Los alimentos más frecuentemente implicados en la edad pediátrica son la leche de vaca y el huevo. En la edad adulta son los frutos secos, las frutas y los crustáceos.
  • Anafilaxia. Es la enfermedad alérgica más grave. Se trata de una reacción de hipersensibilidad de instauración rápida, generalizada o sistémica y que amenaza la vida. Es un síndrome complejo que cursa con liberación generalizada de mediadores de mastocitos y basófilos a nivel cutáneo (eritema, prurito, urticaria y/o angioedema) como en otros órganos (gastrointestinal, respiratorio o cardiovascular). Puede cursar con las manifestaciones cutáneas descritas, manifestaciones digestivas (náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea); manifestaciones respiratorias (rinitis, asma); cardiovasculares (hipotensión y taquicardia) y neurológicas (mareo e incluso pérdida de conocimiento). En los casos más graves, especialmente si no se administra un tratamiento adecuado, puede ser mortal. El alérgeno puede llegar al organismo por vía digestiva (alimentos o medicamentos) o inyectada (picadura de insectos himenópteros o medicamentos administrados por vía parenteral, intramuscular o intravenosa).

¿Hay nuevas alergias? ¿Hay nuevos alérgenos?

En las últimas décadas se han identificado nuevos alérgenos responsables de nuevas enfermedades alérgicas. A continuación resaltamos algunos, que serán tratados en profundidad a lo largo del libro.

  • Látex. En 1979 se publicó el primer caso de urticaria de contacto en un ama de casa sensibilizada al látex. Desde entonces se han descrito numerosos casos de alergia al látex. Es un alérgeno muy extendido tanto en el medio sanitario (tubos endotraqueales, mascarillas, guantes, catéteres, etc.), como no sanitario (preservativos, globos, chupetes, tetinas, etc.). Afecta más frecuentemente al personal sanitario y ha llegado a afectar hasta al 17% de profesionales; los guantes son el material más frecuentemente implicado en la aparición de esta alergia. Puede producir urticaria, rinitis, conjuntivitis, asma e incluso anafilaxia. Gracias a las medidas preventivas instauradas, la incidencia de alergia al látex se ha reducido de forma muy llamativa.

Las proteínas provenientes de las mascotas domésticas son causa frecuente de rinitis, conjuntivitis y asma alérgicas. (Créditos, F. 3)

  • Mascotas. Han cambiado mucho los hábitos y costumbres en los domicilios. La presencia de hámsteres, hurones, chinchillas, ardillas, cobayas, iguanas y otros animales ha dejado de ser algo excepcional, e incluso en ocasiones estos animales duermen con sus dueños. Se han descrito diferentes enfermedades alérgicas por sensibilización a los epitelios de dichos animales; las más frecuentes son la rinoconjuntivitis y el asma alérgica.
  • Nuevos pólenes. Es una realidad que las temperaturas de los inviernos se están suavizando y junto con el efecto invernadero existente en las grandes ciudades debido a la contaminación ambiental se ha observado un aumento de la incidencia de la alergia a pólenes de invierno como los de las cupresáceas (ciprés y arizónicas), que era algo excepcional hace dos o tres décadas. Otro fenómeno que se ha descrito es cómo la contaminación (sobre todo las partículas de los motores diésel) potencia la alergenicidad de determinados pólenes.
  • Anisakis simplex. Se trata de un parásito de los mamíferos marinos. Se conoce desde el siglo xix pero no se ha relacionado con los cuadros de alergia hasta 1995. En el ciclo vital de este parásito se produce un paso desde los mamíferos marinos hasta los peces de los océanos. En el aparato digestivo de los peces se da una fase larvaria; posteriormente, si ingerimos pescado crudo o insuficientemente cocinado, se desencadenan diferentes manifestaciones alérgicas y/o digestivas debidas a la acción de la larva de Anisakis simplex y la respuesta de hipersensibilidad del paciente. Puede ocasionar cuadros de alergia (urticaria, angioedema, anafilaxia) o digestivos (pseudoobstrucción intestinal). En la actualidad se ha publicado una normativa legal que especifica cómo debe cocinarse el pescado para evitar los cuadros descritos anteriormente.

¿Están aumentando las enfermedades alérgicas? ¿Por qué están aumentando?

Las enfermedades alérgicas aumentan cada año. Las posibles causas son muy variadas. Hemos comentado que existen factores genéticos predisponentes, pero estos no bastan para justificar el aumento observado de la incidencia de estas enfermedades.

El modo de vida occidental conlleva una serie de hábitos y costumbres claramente perjudiciales para los habitantes de los países desarrollados (tabaquismo, cambios en las costumbres alimenticias, sedentarismo, obesidad…).

Además, los inviernos más suaves, el efecto invernadero de las ciudades y la contaminación ambiental favorecen la sensibilización a pólenes que anteriormente no se observaban.

Existe también la teoría de la higiene. Nuestros hijos viven en ambientes limpios, se bañan con mucha frecuencia, están vacunados de numerosas enfermedades (¡afortunadamente!), utilizan en bastantes ocasiones antibióticos (no siempre indicados), están libres de enfermedades parasitarias, nunca están sucios. Todas estas situaciones favorecen que el sistema inmunitario se equivoque de enemigos, puesto que no halla bacterias o parásitos contra los que combatir, y se oriente a sustancias tan inocuas como son los pólenes de las gramíneas o las heces de los ácaros del polvo doméstico. Por tanto, las alergias serían un tributo exigido por el desarrollo sociosanitario.

Recientemente, hemos observado cómo hay inmigrantes que han venido a trabajar a nuestro país desde otros no tan desarrollados industrialmente, y con menor contaminación, que presentan alergia respiratoria a los dos o tres años de residir en nuestras ciudades. Por tanto, el peso de la contaminación ambiental sería de mayor relevancia que los anteriormente descritos.

¿Afectan las enfermedades alérgicas a la calidad de vida de los pacientes?

Las enfermedades alérgicas son procesos crónicos que afectan de forma significativa a la calidad de vida de los pacientes. En edades pediátricas y juveniles acarrean pérdidas de días de escolarización (absentismo escolar), y en edades adultas pérdidas de días de trabajo (absentismo laboral). En todas las edades, las enfermedades alérgicas mal controladas, incluida la rinitis alérgica, traen consigo alteraciones en el descanso nocturno y consecuente pérdida de la capacidad de concentración, y por tanto disminución de la producción escolar (dificultades de aprendizaje) y laboral.

Las alteraciones observadas en la calidad de vida de los pacientes ocurren tanto en su ámbito físico como en el emocional, social y psíquico.

Hemos descrito anteriormente enfermedades alérgicas que pueden ser graves y que requieren visitas a los servicios de urgencias e incluso hospitalizaciones. Todos estos factores comportan un impacto negativo sobre la calidad de vida de los pacientes. Recientemente se han publicado estudios que demuestran que algunas enfermedades alérgicas muy frecuentes, como la rinitis alérgica, influyen en la calidad de vida de los pacientes en mayor medida que otras enfermedades crónicas como la hipertensión arterial.

¿Qué profesional sanitario atiende al paciente alérgico?

Las enfermedades alérgicas constituyen una de las epidemias no infecciosas del siglo xxi y son muchos los profesionales sanitarios implicados en la atención de los pacientes alérgicos: atención primaria (médicos de familia, médicos generales, médicos rurales, pediatras) y hospitalarios (otorrinolaringólogos, neumólogos, dermatólogos, digestólogos, inmunólogos, internistas, intensivistas, médicos de servicios de Urgencias y alergólogos).

El médico de atención primaria es el profesional sanitario que atiende al mayor número de pacientes y es responsable de los flujos asistenciales entre el paciente, los servicios de Urgencias y los servicios de Alergología u otras especialidades. El médico de atención primaria suele atender en primer lugar al paciente alérgico. Evalúa los casos, interpreta la sintomatología, solicita las pruebas complementarias iniciales y prescribe el tratamiento inicial.

El paciente alérgico presenta en ocasiones alteraciones en distintos órganos, como ocurre con la rinitis, la conjuntivitis, el asma, la dermatitis y la alergia alimentaria. El especialista en Alergología aporta la visión integral de los distintos procesos que presenta el paciente alérgico.

¿Qué estudia la Alergología?

La Alergología es una especialidad médica oficialmente reconocida en España por los Ministerios de Sanidad, Política Social e Igualdad y de Educación. Se entiende por Alergología la especialidad médica que comprende el conocimiento, diagnóstico y tratamiento de la patología producida por mecanismos inmunológicos, con las técnicas que le son propias. El Programa Oficial de la especialidad vigente se publicó en el BOE número 241, de lunes 9 de octubre de 2006. Para acceder a la formación especializada en Alergología son requisitos previos imprescindibles ser licenciado en Medicina y obtener plaza en la convocatoria del examen MIR.

Los médicos internos residentes (MIR) realizan un período formativo de cuatro años en unidades docentes acreditadas de hospitales con formación reconocida de posgrado. Durante esos cuatro años, los MIR adquieren de forma progresiva conocimientos, habilidades, actitudes, capacidad operativa y responsabilidad propias de un especialista en Alergología.

La Alergología es una especialidad multidisciplinar que requiere, además de formación en el servicio de Alergia, rotaciones en Medicina Interna, Pediatría, Inmunología, Neumología, Dermatología y Otorrinolaringología.

Los residentes en Alergología deben dominar el temario publicado en el BOE que incluye inmunología básica, inmunopatología general, alergología básica y alergia clínica. Una vez que culminan la formación especializada, los residentes obtienen el título de especialista en Alergología que les faculta para ejercer esta especialidad.

¿Quién es el alergólogo?

El alergólogo es un médico especializado en Alergología y, por tanto, preparado para prevenir, diagnosticar y tratar las enfermedades alérgicas, así como educar a pacientes y familiares acerca de ellas. Es importante resaltar que el alergólogo recibe formación y acumula experiencia en enfermedades alérgicas tanto en pacientes pediátricos como en adultos.

El alergólogo está capacitado para evaluar los diferentes aspectos de las enfermedades alérgicas que pueden afectar a distintos sistemas del organismo (piel, aparato digestivo, aparato respiratorio, sistema cardiovascular, etc.). Suele ocurrir que un mismo paciente presente rinitis, conjuntivitis, asma, dermatitis y alergia alimentaria. El alergólogo puede realizar un diagnóstico y tratamiento integral.

Es esencial la colaboración, tal y como hemos descrito anteriormente, entre atención primaria y los alergólogos. Además, en el medio hospitalario es muy conveniente y eficaz la colaboración con otras especialidades también descritas más arriba.

¿En qué puede ayudar el alergólogo?

El alergólogo tiene como objetivo fundamental en su práctica diaria intentar identificar el alérgeno responsable de la enfermedad alérgica. Una vez identificada la causa mediante las diferentes pruebas diagnósticas, será posible instaurar todas las medidas disponibles para controlar el proceso alérgico y mejorar por tanto la calidad de vida del paciente alérgico.

El paciente alérgico puede presentar diferentes enfermedades a lo largo de su vida. Son frecuentes los casos de niños que comienzan la marcha alérgica con una dermatitis atópica, posteriormente padecen una alergia alimentaria y, finalmente, presentan una alergia respiratoria que se manifiesta primero como una rinitis alérgica y a continuación como asma alérgica. El alergólogo está cualificado para realizar un seguimiento adecuado del paciente a lo largo de las diferentes etapas de la enfermedad alérgica y, sobre todo, establecer medidas preventivas dirigidas a disminuir la aparición de nuevas sensibilizaciones y evitar la progresión de la enfermedad alérgica.

¿Qué pruebas diagnósticas realiza el alergólogo?

Decía el Dr. Gregorio Marañón que la mejor herramienta diagnóstica era una mesa, una silla y un papel para realizar una correcta historia clínica. Esta aseveración está vigente (únicamente modernizada por el ordenador) y es fundamental en el diagnóstico inicial o de sospecha de las enfermedades alérgicas. La historia clínica consiste en recoger de forma metódica y exhaustiva toda la información que se solicita al paciente sobre sus manifestaciones clínicas (síntomas subjetivos). Los datos aportados por el paciente se complementan con una adecuada exploración física (signos objetivos).

Para realizar el diagnóstico de certeza, el alergólogo dispone de una serie de pruebas in vivo (pruebas cutáneas y de exposición o provocación) e in vitro (analítica de laboratorio). Las pruebas cutáneas continúan siendo una de las principales herramientas diagnósticas en los procesos alérgicos; realizadas por personal cualificado y experto, son habitualmente seguras, rápidas en su realización, con un coste asumible y fiables. Existen diferentes técnicas en función del proceso alérgico que se vaya a evaluar: alérgenos inhalados, alimentos, contactantes, medicamentos, etc. En los capítulos siguientes se describirán estas pruebas. En ocasiones, como en algunos casos de alergia alimentaria o medicamentosa, es necesario recurrir a pruebas de exposición o provocación.

En relación con las pruebas de laboratorio es posible cuantificar la inmunoglobulina E total y las diferentes inmunoglobulinas E específicas frente a determinados alérgenos inhalados, alimentarios, medicamentosos, parasitarios u ocupacionales. Es posible medir diferentes marcadores de la activación de células inflamatorias participantes en las enfermedades alérgicas como son, por ejemplo, la triptasa mastocitaria o la proteína catiónica del eosinófilo. Algunos de estos marcadores pueden ser medidos en suero, esputo, lágrima, lavado broncoalveolar, orina e incluso en heces.

En la actualidad, el diagnóstico molecular permite realizar diagnósticos más exactos en Alergología y por tanto instaurar medidas terapéuticas más acertadas. Por ejemplo, es relativamente común encontrar pacientes polisensibilizados a numerosos pólenes, y a la hora de decidir el tratamiento no siempre es posible realizar pruebas de provocación conjuntival, nasal o bronquial. Mediante técnicas de diagnóstico molecular puede obtenerse el perfil real de sensibilización específico del paciente y plantear así el mejor tratamiento personalizado (véase figura 1).

¿Qué tratamientos recomendará el alergólogo?

El alergólogo recomendará el tratamiento más adecuado para cada paciente. El tratamiento integral del paciente alérgico incluye cuatro apartados: medidas de control ambiental (desalergenización), tratamiento farmacológico, tratamiento con vacunas (inmunoterapia) y la educación del paciente alérgico y sus familiares.

Las pruebas cutáneas son una de las principales herramientas diagnósticas en los procesos alérgicos. (Créditos, F. 4)

Como en todas las enfermedades, es importante tomar medidas preventivas. Una vez que se ha realizado el diagnóstico etiológico o causal de la enfermedad alérgica han de indicarse las medidas de control ambiental o desalergenización. Estas medidas se aplicarán en función del alérgeno responsable; así, por ejemplo, las hay para pacientes alérgicos a pólenes, ácaros, epitelios u hongos.

En el caso de las alergias alimentarias, dermatitis de contacto o alergias medicamentosas, el tratamiento inicial es la evitación de los alérgenos responsables de la aparición de las diferentes manifestaciones clínicas.

Figura 1. Técnicas de diagnóstico molecular en Alergología

(Créditos, F. 5)

Respecto al tratamiento farmacológico, el alergólogo recomendará diferentes fármacos en función de la edad, de la severidad (leve, moderada, grave) y del tipo de manifestaciones (intermitentes o persistentes), aplicando para ello diferentes guías existentes para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades alérgicas. Existen guías nacionales e internacionales para el tratamiento de la rinitis, del asma o de la urticaria, por citar algunos ejemplos.

El tratamiento con inmunoterapia (vacunas alergénicas) está indicado en determinados tipos de rinitis y asma alérgica, y en los pacientes con reacciones graves de hipersensibilidad a veneno de himenópteros (abejas y avispas). La eficacia de este tratamiento con vacunas está relacionada con la calidad del extracto seleccionado, la duración del tratamiento y la dosis administrada. Es importante destacar que la inmunoterapia con alérgenos, junto con las medidas de control ambiental, constituyen los pilares del tratamiento etiológico o causal de las enfermedades alérgicas. El tratamiento etiológico es el único que puede modificar la evolución natural de la rinitis y del asma alérgica, disminuyendo la intensidad de la sintomatología, reduciendo las necesidades de tratamiento sintomático, mejorando la calidad de vida del paciente e incluso llegando a solucionar definitivamente la enfermedad.

Las medidas de educación son esenciales para el paciente alérgico y sus familiares. Los cursos de autocuidados en pacientes asmáticos o los campamentos para niños asmáticos son herramientas muy útiles para mejorar el cumplimiento terapéutico de estos pacientes. Se ha demostrado que los pacientes que realizan estas medidas educativas mejoran la calidad de vida, disminuyen sus visitas imprevistas a Urgencias y reducen sus ingresos hospitalarios.

El alergólogo diseñará planes de actuación para los pacientes alérgicos respecto al tratamiento de las fases de crisis agudas (crisis de asma por ejemplo), y para las fases estables de las diferentes enfermedades.

¿Existen nuevos tratamientos en Alergología?

En los últimos años se están produciendo importantes avances terapéuticos en el control de las enfermedades alérgicas. Citaremos algunos ejemplos que serán desarrollados de forma pormenorizada en los capítulos correspondientes.

En el asma bronquial alérgico grave mal controlado, disponemos de un novedoso tratamiento biológico con un anticuerpo monoclonal (omalizumab) que está permitiendo conseguir mejorías en algunos pacientes. Omalizumab tiene un efecto anti-IgE. Como antes hemos descrito, la inmunoglobulina E es la responsable de las manifestaciones alérgicas de hipersensibilidad.

En algunos casos de alergia alimentaria (leche o huevo), se están realizando desensibilizaciones e inducciones de tolerancia a dichos alimentos, permitiendo modificar la evolución natural de estas enfermedades alérgicas.

En pacientes alérgicos a determinados medicamentos en los que es imprescindible su utilización (citostáticos, antibióticos o antiinflamatorios), se están aplicando diferentes pautas de desensibilización que permiten ser empleados con seguridad.

En el caso de la inmunoterapia específica con alérgenos, se están llevando a cabo avances significativos en las pautas agrupadas con vacunas administradas vía subcutánea. Disponemos también de avances en la inmunoterapia sublingual, como es la administración de vacunas en forma de liofilizados bucodispersables.

¿Pueden prevenirse las enfermedades alérgicas? ¿Puede el paciente ser activo en su prevención?

Es esencial conocer los niveles de exposición o presión alergénica a la que está sometido el paciente alérgico. En la actualidad, es posible medir en microgramos por gramo de polvo los niveles de alérgenos de ácaros del polvo doméstico en los domicilios de los pacientes. Los alérgicos a hongos y/o ácaros deben evitar la utilización de humidificadores, y deben ventilar y limpiar con frecuencia la casa. Además, deben evitar vivir con objetos que acumulen polvo (moquetas, alfombras, cortinas) y procurar que los suelos y paredes sean limpiables.

Existen también colectores de pólenes que realizan mediciones de estos en prácticamente todo el territorio nacional. Así, el paciente alérgico a pólenes de gramíneas conoce la concentración medida en granos por metro cúbico de aire y día. La Sociedad Española de Alergología en Inmunología Clínica (SEAIC) facilita esta información a través de su página web (www.polenes.com). Los alérgicos a pólenes deben tomar una serie de medidas de protección en las épocas de polinización (usar gafas de sol, viajar en el coche con las ventanillas cerradas, evitar pasear o hacer deporte al aire libre en las horas de máxima polinización, evitar cortar el césped, etc.). Los pacientes alérgicos a aeroalérgenos deben evitar la presencia de animales en el domicilio, y si los tienen, deben bañarlos periódicamente con productos adecuados.

El tabaco es perjudicial para todas las personas, pero mucho más para los pacientes alérgicos que presentan inflamación de las vías respiratorias altas y bajas. Los alérgicos no deben fumar (fumadores activos) y no se debe fumar en su presencia (fumadores pasivos).

Es muy importante no caer en la automedicación. Cada paciente requiere un tratamiento en función de su enfermedad alérgica, su severidad (leve, moderada o grave) y la presencia de sintomatología (intermitente o persistente). Cada alérgico debería disponer de un plan personalizado de tratamiento para conseguir el control de su patología.

En el caso de pacientes que han presentado anafilaxia es muy importante el entrenamiento en el correcto empleo de autoinyectores de adrenalina.

La inmunoterapia específica con alérgenos ha demostrado su eficacia previniendo el paso de rinitis a asma, y también frenando la aparición de nuevas sensibilizaciones a otros aeroalérgenos. En los pacientes en que esté indicada debe utilizarse en pauta, composición y tiempo suficientes.

En los respectivos capítulos de esta obra se profundizará en los aspectos preventivos de cada una de las patologías alérgicas.

¿Tienen un coste sanitario las enfermedades alérgicas?

El coste económico de las enfermedades alérgicas está aumentando de forma exponencial. Los costes incluyen diversos apartados:

  • Costes directos derivados de su asistencia médica (visitas al médico, medicamentos, visitas a servicios de Urgencias, análisis, pruebas diagnósticas, hospitalizaciones, etc.) y costes no médicos (transporte, fisioterapia, asistencia social, etc.).
  • Costes indirectos (pérdida de trabajo productivo, disminución del rendimiento laboral, pérdida de capacidad productiva, pérdida de trabajo productivo por asistencia a familiares).
  • Costes intangibles (dolor, malestar, miedo, tristeza, sufrimiento).

En la actualidad, la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica está realizando un estudio pionero para conocer el coste fármacoeconómico de la rinitis alérgica en España.

¿Existen asociaciones de pacientes alérgicos en España?

Existen diferentes asociaciones de pacientes en España. La colaboración entre sociedades científicas y asociaciones de pacientes es cada vez más estrecha, y en el último congreso de la SEAIC, celebrado en Madrid en 2010, tuvieron lugar varias sesiones compartidas, impartidas por dichas asociaciones y profesionales sanitarios. Además, se firmó en conjunto la «Declaración de Buenos Aires» entre las asociaciones de pacientes y familiares y la SEAIC.

He aquí algunas de estas asociaciones específicas: de alérgicos a alimentos (www.aepnaa.org); de alérgicos al látex (www.alergialatex.es); de alérgicos al veneno de himenópteros (www.scaic.org/scaic/adaphi.htm); de asmáticos (www.airelibre.org, www.asmatics.org, www.accesible.org/asga, www.asmaler.galeon.com) y de pacientes de dermatitis atópica (www.adeaweb.org).

¿Existen sociedades científicas de Alergología? ¿Para qué sirven?

Existen diferentes sociedades regionales, autonómicas, nacionales e internacionales de Alergología. La SEAIC, fundada en 1949, alberga estos fines:

  • Fomentar y dar a conocer los estudios sobre Alergología e Inmunología Clínica.
  • Promover y facilitar el contacto de sus miembros entre sí y con otros profesionales o entidades afines.
  • Contribuir a la formación y perfeccionamiento profesional en Alergología e Inmunología Clínica.
  • Propiciar cualquier tipo de intercambio e iniciativa (no exclusivamente científico profesional) entre los socios, que contribuya a la buena marcha de la sociedad.
  • Intervenir como tal Sociedad en los problemas que puedan afectar a sus miembros respecto al ejercicio profesional, a la especialidad, a la sanidad y a la salud pública.
  • Promover programas educativos para el público en general, encaminados a dar a conocer las enfermedades inmunoalérgicas, su prevención, tratamiento y cualquier actividad relacionada con este fin.

La SEAIC tiene como órgano oficial de expresión la revista Journal of Investigational Allergology and Clinical Immunology (www.jiaci.org), y cuenta con una página web oficial en la que pueden conocerse todas las actividades societarias (www.seaic.org).

La principal actividad de la SEAIC es la científica. La Junta Directiva, elegida democráticamente cada cuatro años, está asesorada por los diferentes comités: Aerobiología, Alergia a alimentos, Alergia cutánea, Alergia a himenópteros, Alergia a medicamentos, Alergólogos jóvenes y MIR, Asma, Calidad y seguridad asistencial, Ejercicio y desarrollo profesional, Enfermería, Formación continuada, Informática, Inmunología, Inmunoterapia, Látex, y Rinitis y conjuntivitis.

La SEAIC cuenta con una Fundación a través de la cual favorece proyectos de investigación mediante la convocatoria semestral de becas, promueve actividades formativas enfocadas a pacientes (cursos de autocuidados, campamentos para niños asmáticos o los Juegos Olímpicos para jóvenes asmáticos) y realiza actividades divulgativas (la Semana de la Alergia o el Día del Asma).

Además, la SEAIC mantiene estrechas relaciones de colaboración con sociedades internacionales como la WAO (Organización Mundial de Alergia), SLAAI (Sociedad Latino-americana de Asma e Inmunología), SEAS (Sociedad de Sociedades de Alergología del Sur de Europa), Interasma o EAACI (Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica).

A nivel regional o autonómico, existen asimismo estas sociedades de Alergología e Inmunología Clínica: la aragonesa (www.alergoaragon.org); la castellano-leonesa (www.aclaic.org); la murciana (www.alergomurcia.com); la andaluza (www.alergosur.com); la de la zona Norte (www.alergonorte.org); la extremeña (www.saicex.es); la gallega (www.sgaic.org); la de Madrid/Castilla-La Mancha (www.smclm.com); la catalana (www.scaic.org), la valenciana (www.avaic.org) y la canaria (www.scaic.es).

Resumen

  • Las enfermedades alérgicas constituyen una auténtica epidemia no infecciosa en los países desarrollados en el siglo xxi.
  • La incidencia de estas enfermedades aumenta de forma continua cada año, afectando a seres humanos de todas las edades desde la infancia hasta la senectud.
  • La alergia se debe a una respuesta exagerada e inapropiada del sistema inmunitario frente a sustancias que son inocuas para la mayoría de las personas.
  • Las enfermedades alérgicas más frecuentes son la rinoconjuntivitis, el asma, la urticaria, la dermatitis atópica, la dermatitis alérgica de contacto, la alergia alimentaria, la alergia a fármacos y la anafilaxia.
  • Las alergias son procesos crónicos que afectan la calidad de vida de los pacientes tanto en su esfera física como psíquica. Conllevan un coste sanitario en diferentes aspectos: directos, indirectos e intangibles.
  • El alergólogo es el profesional formado específicamente para identificar los alérgenos responsables de las diferentes enfermedades, realizar un diagnóstico e instaurar las medidas terapéuticas adecuadas a cada paciente.
  • Existen diferentes pruebas diagnósticas que permiten establecer un correcto diagnóstico etiológico o causal y realizar a continuación un tratamiento con todas las garantías: medidas de control ambiental, educación de pacientes y familiares, tratamiento farmacológico y tratamiento con inmunoterapia (vacunas).
  • Cada paciente alérgico debe disponer de un informe, certificado u otro documento actualizado que especifique su patología alérgica y el tratamiento prescrito. Debe conocer su enfermedad y adoptar medidas preventivas para evitar el desencadenamiento de la reacción de hipersensibilidad y los consiguientes síntomas y signos característicos de las diferentes alergias.

Bibliografía

Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología. http://www.aaaai.org. (Fecha de consulta: 12 de septiembre de 2011.)

Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica. http://www.eaaci.org. (Fecha de consulta: 12 de septiembre de 2011.)

Organización Mundial de Alergia. http://www.worldallergy.org. (Fecha de consulta: 12 de septiembre de 2011.)

Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica. http://www.seaic.org. (Fecha de consulta: 12 de septiembre de 2011.)

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