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4. El sistema inmunitario y la alergia

Dr. José Manuel Zubeldia Ortuño

Médico especialista en Alergología. Jefe del Servicio de Alergia del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Madrid. Profesor asociado de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid

¿Qué es el sistema inmunitario?

El sistema inmunitario es un conjunto de órganos, tejidos, células y productos derivados de estas células que se encuentra distribuido por todo el organismo.

Los órganos que forman parte del sistema inmunitario se denominan órganos linfoides. Éstos son: las adenoides (comúnmente llamadas vegetaciones), las amígdalas palatinas, el timo, el apéndice, la médula ósea, el bazo, los ganglios linfáticos, las placas de Peyer del intestino y los vasos linfáticos (véase figura 1). También se localiza en las mucosas del aparato digestivo, respiratorio y genitourinario. Todos ellos contribuyen a la producción, maduración y activación de las células más importantes de la inmunidad: los linfocitos.

¿Para qué sirve el sistema inmunitario?

Tiene como misión fundamental proteger la identidad del individuo, para lo cual efectúa dos procesos especiales: el reconocimiento y la defensa. Se encarga de reconocer, permanentemente, aquello que es propio y forma parte del organismo (tejidos, células), de lo que es extraño a él y, potencialmente, perjudicial. Además, es un complejo sistema defensivo frente a agresiones y ataques, tanto del exterior (bacterias, virus) como del interior (células degeneradas o tumorales). Es, por tanto, un sistema de cuyo funcionamiento e integridad dependerá la supervivencia del organismo.

Se calcula que la variedad de posibles sustancias contra las cuales el sistema inmunitario debe reaccionar de forma específica, llamadas genéricamente antígenos, es de unos 109 tipos diferentes. Para esta diversidad en la respuesta inmunitaria está perfectamente preparado dicho sistema, ya que puede producir tan variado número de anticuerpos diferentes como sea preciso, al poseer una habilidad muy específica para discriminar entre moléculas estrechamente relacionadas. Además, el sistema inmunitario tiene memoria, de tal forma que puede reconocer fácil y rápidamente una segunda exposición a un antígeno contra el cual había generado anteriormente una respuesta.

Debido a su importancia, se encuentra muy bien conservado en la escala evolutiva; el sistema inmunitario de los seres humanos es muy similar al que se halla en otros organismos inferiores en la escala filogenética, como los insectos (por ejemplo, la mosca del vinagre) o el resto de mamíferos (por ejemplo, los ratones de laboratorio). Por esta razón, ambos modelos animales son muy útiles para el estudio de las enfermedades del sistema inmunitario humano.

¿Puede enfermar el sistema inmunitario?

En condiciones normales, el sistema inmunitario está vigilante para permitir nuestra supervivencia en un medio natural hostil, lleno de virus, bacterias, hongos y parásitos, a los cuales es capaz de reconocer y destruir. Sin embargo, en ocasiones, hay alteraciones congénitas o adquiridas que pueden modificar su normal funcionamiento, y producir enfermedades. Entre ellas hay que mencionar las inmunodeficiencias, que dan lugar a un aumento del número o gravedad de las infecciones, algunas de ellas gravísimas, que pueden conducir a la muerte. En otras ocasiones, el sistema inmunitario falla en el reconocimiento de las propias células, considerándolas extrañas y reaccionando contra ellas, dando lugar a las llamadas enfermedades autoinmunes, como por ejemplo, el lupus eritematoso o la artritis reumatoide.

FIGURA 1. Distribución del sistema inmunitario

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¿La alergia es una enfermedad del sistema inmunitario?

La alergia, a pesar de ser muy frecuente y causar síntomas de los que todo el mundo habla, es una gran desconocida. Si ante un infarto de miocardio casi todos sabrían identificar al corazón como el órgano dañado, ante una enfermedad alérgica pocos podrían determinar dónde se localiza la alteración que la desencadena. En una enfermedad alérgica lo que se altera es el sistema inmunitario.

Una de las funciones del sistema inmunitario es la capacidad de distinguir, dentro de lo ajeno, aquello que no supone ninguna amenaza para el organismo que está defendiendo. Por ejemplo: el polen que entra por la nariz, la leche que bebemos, o los pendientes de bisutería que contienen níquel. Y es precisamente este matiz, tan importante, el que falla en la alergia. Como consecuencia de esta alteración del sistema inmunitario, y al encontrarse distribuido por todo el organismo, las enfermedades alérgicas pueden producir síntomas en cualquier órgano del cuerpo, aunque sean más frecuentes los problemas respiratorios, digestivos o de la piel, debido a que éstas son las zonas de mayor contacto con los agentes externos.

¿Qué son los alérgenos?

Los alérgenos son todas aquellas sustancias capaces de provocar alergia. Se caracterizan por dos hechos: por ser sustancias inocuas para el resto de la población que no es alérgica y por tener la propiedad de generar un tipo especial de anticuerpos, la inmunoglobulina E (IgE). Prácticamente, cualquier sustancia puede ser un alérgeno: medicamentos, alimentos, sustancias que flotan en el aire y se respiran o sustancias que se tocan. Unas son muy frecuentes y otras menos, y su identificación puede resultar difícil. Ejemplos de las primeras son: los pólenes, los ácaros del polvo doméstico, determinados hongos, los epitelios de animales (perro, gato, hámster, etc.), muchos medicamentos (antibióticos, aspirina, etc.), así como numerosos alimentos (leche, huevo, frutas, etc.). Por el contrario, también existen alérgenos poco frecuentes como las garrapatas de las palomas o los caracoles. No obstante, las personas desarrollan la alergia contra aquellas sustancias con las que tienen contacto. La alergia no está presente en el nacimiento, sino que se va desarrollando con el paso del tiempo y frente a las sustancias que se encuentran en el entorno del paciente. Por ejemplo, es muy habitual la alergia a los perros o a los gatos, pero no a los leones; sin embargo, alguien que trabaje en un circo o en un zoo puede desarrollar alergia a estos felinos.

¿Qué son los anticuerpos?

Son proteínas que circulan por la sangre producidas por el sistema inmunitario, en concreto por los linfocitos B. Son moléculas, cuyo tamaño es de una millonésima de milímetro. Los anticuerpos también son denominados inmuno­globulinas y se abrevian con las letras Ig. Desde el punto de vista estructural, tienen forma de Y griega (véase figura 2).

Hay varias clases de inmunoglobulinas que se denominan con letras: IgG, IgA, IgM, IgD e IgE.

FIGURA 2. Molécula de inmunoglobulina

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(Créditos, F. 14)

Los anticuerpos son generados por el sistema inmunitario como una respuesta de defensa contra los microbios y contra todas las sustancias que penetran en el organismo. El sistema inmunitario dispone de un repertorio de inmunoglobulinas capaces de interaccionar con un gran número de estructuras químicas diferentes. Se calcula que existen más de 1010 clones de linfocitos B de especificidad distinta, y se dispone incluso de anticuerpos capaces de reconocer compuestos sintéticos que son inexistentes en la naturaleza.

Si estas sustancias externas son reconocidas por el sistema inmunitario como no perjudiciales, resultan toleradas y se producen Ig del tipo G (IgG). Por ejemplo, se generan anticuerpos IgG frente a los pólenes que son inhalados por las personas sanas. Por el contrario, las personas alérgicas producen además de anticuerpos IgG, inmunoglobulinas del tipo E (IgE).

¿Qué es la IgE? ¿Para qué sirve?

La inmunoglobulina E es una clase de anticuerpo denominado así porque forman parte de su estructura unas cadenas llamadas Epsilon. La IgE es la inmunoglobulina que se encuentra en la sangre, en la concentración más baja de todas las clases de inmunoglobulinas. A pesar de ello, resulta ser el anticuerpo más importante en la resistencia y lucha contra las enfermedades parasitarias, sobre todo en las producidas por helmintos (gusanos). La IgE posee la capacidad de activar unas células que contienen en su interior productos muy tóxicos y sustancias letales, capaces de eliminar a tales parásitos.

En el mundo occidental, gracias a los avances higiénicos han disminuido notablemente las enfermedades infecciosas producidas por parásitos, pero nos encontramos con la curiosa situación de tener un sistema inmunitario capaz de sintetizar anticuerpos IgE y sin enemigos naturales que combatir. Por el contrario, existen sustancias inofensivas o inocuas para la mayoría de las personas, como los pólenes, y sin embargo el sistema inmunitario sintetiza IgE específica frente a ellas. Esta respuesta enérgica del sistema inmunitario no sólo es inútil, sino lo que es más importante, resulta peligrosa para el individuo, pues puede incluso ocasionarle la muerte.

La concentración de IgE en la sangre circulante se eleva notablemente cuando se desarrollan las enfermedades alérgicas.

¿Qué son los mastocitos?

Los mastocitos son unas células que se caracterizan por su capacidad de poder fijar moléculas de IgE en el exterior de su membrana celular. Pueden llegar a tener alrededor de 500.000 receptores por cada célula. Los mastocitos no circulan por la sangre, sin embargo, están ampliamente distribuidos en el aparato respiratorio, la piel, el hueso, el aparato digestivo y el tejido nervioso. Pueden hallarse en concentraciones de 10.000 a 20.000 células/mm3.

Los mastocitos son células grandes (10-15 µm de diámetro) y poseen numerosos gránulos en su interior, llenos de productos con un importante poder para producir inflamación, principalmente de histamina (véase figura 3). Un listado completo de estos productos y de las acciones que ejercen una vez liberados se encuentra recogido en la tabla 1.

FIGURA 3. Mastocito humano

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(Créditos, F. 15)

Tabla 1. Productos liberados de los mastocitos y de los basófilos

 

Mastocitos

Basófilos

Efecto biológico

Beta-glucuronidasa

no

Degradación de glucurónidos

Carboxipeptidasas

no

Degradación de proteínas

Captesina

Degradación de proteínas

Condroitín sulfato

Anticoagulación, estabilización de los gránulos, efecto anticomplemento

Elastasa

no

Degradación de elastina

Hidrolasas ácidas

no

Degradación lisosómica de partículas

Histamina

Vasodilatación, aumento de la permeabilidad, picor, contracción músculo liso, secreción de moco

Heparina

Anticoagulación, estabilización de los gránulos, efecto anticomplemento

Proteasas neutras

Fibrinogenolisis, activación de colagenasas

Triptasa

no

Activación de colagenasas, degradación de neuropéptidos

Factores atrayentes de eosinófilos

Quimiotácticos de eosinófilos

Factor activador de plaquetas

Agregación de plaquetas, vasodilatación, aumento de la permeabilidad, broncoconstricción

Leucotrienos

Quimiotácticos de diferentes células, secreción de moco, broncoconstricción, aumento de la permeabilidad vascular

¿Qué son los basófilos?

Los basófilos son un tipo de leucocitos circulantes. Representan el 0,1-2% de todos los leucocitos presentes en la sangre (véase figura 4). Al igual que los mastocitos, cuentan con receptores en su superficie para unir la IgE y también poseen gránulos en su interior repletos de sustancias tóxicas (véase tabla 1).

¿Qué son los linfocitos?

Los linfocitos son las células protagonistas del sistema inmunitario. Son células pequeñas que se encuentran tanto alojadas en los tejidos linfoides como circulando por la sangre. Hay dos tipos de linfocitos: los linfocitos B y los linfocitos T. Ambos tienen funciones de reconocimiento, pero, fundamentalmente, de defensa contra las enfermedades infecciosas producidas por las bacterias y los virus, respectivamente. Así, los linfocitos B son los encargados de la producción de los anticuerpos, y los linfocitos T se especializan en la secreción de linfocinas. Existen varios subgrupos de linfocitos T, dependiendo de la función que realicen.

Los linfocitos también son los responsables de la aparición de enfermedades alérgicas. Los linfocitos B producen la IgE y los linfocitos T, dependiendo del subgrupo implicado, participan en enfermedades como el eccema alérgico al níquel (linfocitos Th1) o colaboran con los linfocitos B para generar elevadas cantidades de IgE (linfocitos Th2). Existe un tercer tipo de linfocitos T, muy importante, que es el de los reguladores del sistema inmunitario (linfocitos T reguladores). Estos linfocitos amplifican o suprimen la respuesta inmunológica global, regulando los otros componentes del sistema inmunitario, a través del contacto celular y de la secreción de una gran variedad de linfocinas.

¿Qué son las linfocinas?

También llamadas interleucinas o citocinas. Las linfocinas son unos productos solubles, de tiempo de acción corto, responsables de la comunicación intercelular. Son las responsables de la regulación de la respuesta inmunológica general y de la alérgica, en particular.

Las linfocinas son producidas por diferentes tipos de células que participan en la respuesta inmune, principalmente por los linfocitos T. Se han identificado un gran número de citocinas (véase tabla 2). Muchas de ellas son cruciales para el desarrollo de los linfocitos y del tipo de respuesta inmune. Así, en la rinitis o el asma bronquial alérgica, se origina una alteración en el equilibrio entre los linfocitos Th1 y Th2, a favor de los Th2, ya que se produce un incremento de Interleucina-4 (IL-4), que va a favorecer el desarrollo de la respuesta alérgica. Por el contrario, los linfocitos Th1 producen principalmente interferón gamma (IFN-γ) que neutraliza la respuesta de la IL-4 y de los linfocitos Th2.

FIGURA 4. Basófilo humano circulante

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(Créditos, F. 16)

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El sistema inmunitario se encuentra permanentemente vigilante y activo.
(Créditos, F. 17)

¿Qué son los eosinófilos?

Los eosinófilos son otro tipo de leucocitos circulantes; representan, en condiciones normales, alrededor del 5% de éstos. Sin embargo, su concentración en sangre se eleva en las enfermedades alérgicas.

Por ejemplo, durante la polinización, es muy común poder detectar en sangre periférica, con un análisis rutinario (hemograma), un número elevado de eosinófilos circulantes en los pacientes alérgicos al polen. En su interior, poseen sustancias que, cuando se liberan, son muy tóxicas para las células de alrededor (véase tabla 3). Esto es beneficioso en la defensa frente a los parásitos, sin embargo, es nocivo en el caso de las reacciones alérgicas, ya que desempeñan un papel importante en la perpetuación del proceso inflamatorio.

¿Qué sustancias se liberan en las reacciones alérgicas?

Las sustancias liberadas de las células que intervienen en las reacciones alérgicas son las responsables últimas de los síntomas que sufre el paciente alérgico.

La histamina es uno de los principales mediadores de la inflamación alérgica. Su nombre químico es 2-(4-imidazolil) etilamina. Es el producto más abundante, puesto que se encuentra en los gránulos de mastocitos (5 µg/106 células) y de los basófilos (1 μg/106 células). La respuesta biológica a la liberación de la histamina es: el picor cutáneo, por estimulación de los nervios; la dilatación y aumento de la permeabilidad de los vasos sanguíneos, con lo que se produce calor y enrojecimiento de la piel y de las mucosas, y salida de líquido hacia los tejidos de alrededor, con lo que se origina hinchazón (edema); y la contracción de la musculatura de los bronquios, que causa dificultad para respirar y mayor producción de moco en las vías respiratorias. Por esta razón, los antihistamínicos son los fármacos más empleados en el tratamiento de las enfermedades alérgicas ya que, al bloquear la acción de la histamina, son eficaces para el control del picor ocular, nasal y de la piel, del goteo de nariz, de los estornudos, etc., que están causados por la acción directa de la liberación de histamina.

Sin embargo, la histamina es absolutamente indispensable. En pequeñas cantidades y en condiciones normales, contribuye a la regulación de diversas funciones: contrae los vasos sanguíneos poco utilizados, mantiene convenientemente húmedas las mucosas y estimula el necesario equilibrio entre los tejidos y la sangre.

La triptasa es una sustancia sintetizada por los mastocitos, que se libera durante las reacciones alérgicas. Su determinación en la sangre u orina es utilizada para establecer la existencia de reacciones alérgicas debidas a la activación de estas células.

¿Cómo funciona el sistema inmunitario en el individuo sano?

El sistema inmunitario se encuentra permanentemente vigilante y activo. De no existir un sistema defensivo adecuado, la vida se extinguiría en unos pocos días, ya que, segundo a segundo, nuestro organismo sufre constantes agresiones desde el exterior y desde el interior. Al mismo tiempo que se genera una respuesta inmunitaria de tipo defensivo contra las sustancias extrañas, el sistema inmunitario desarrolla una respuesta inmunitaria, llamada tolerancia, para reconocer mediante células y anticuerpos específicos los componentes del propio organismo o sustancias externas inocuas. Continuamente está reconociendo moléculas, contra las cuales desarrolla una tolerancia o una respuesta agresiva. En ambos casos, son dos los componentes de esta respuesta inmunitaria: la formación de anticuerpos específicos contra la molécula con la que ha entrado en contacto; o bien, la producción de linfocitos que reconocen específicamente dichas moléculas. Concretamente, cuando se toma leche de vaca, la mayoría de las personas no sufren ningún problema porque su sistema inmunitario ha desarrollado tolerancia a este alimento, reconociendo con linfocitos específicos (subtipo Th regulador) e inmunoglobulinas, generalmente del tipo IgG, sus proteínas. Por el contrario, si el organismo es parasitado por un nematodo (gusanos, lombrices), el sistema inmunitario reaccionará secretando elevadas cantidades de anticuerpos específicos contra el parásito, de todos los tipos (IgG, IgM, IgE), y de linfocitos específicos (subtipo Th2) para combatirlo.

Tabla 2. Características y efectos de las interleucinas más importantes

Interleucina

Célula productora

Funciones

IL-1

  • Monocitos
  • Células endoteliales
  • Epitelios y fibroblastos
  • Activación de linfocitos T
  • Inducción de síntesis de prostaglandinas por el endotelio
  • Proliferación y diferenciación de linfocitos B
  • Síntesis de GM-CSF e IL-4 por linfocitos T

IL-2

  • Linfocitos T activados
  • Proliferación y diferenciación de linfocitos T
  • Activación de células NK
  • Proliferación de linfocitos B y síntesis de inmunoglobulinas
  • Estímulo para linfocitos T citotóxicos
  • Estímulo para fagocitos

IL-3

  • Linfocitos T, queratinocitos, mastocitos
  • Hematopoyesis de células mieloides

IL-4

  • Linfocitos T fenotipos Th2/Th0
  • Mastocitos y basófilos
  • Linfocitos B
  • Diferenciación de linfocitos T a Th2
  • Crecimiento y diferenciación de linfocitos B
  • Inducción de síntesis de IgE
  • Estímulo de endotelio y fibroblastos

IL-5

  • Linfocitos T, fibroblastos, endotelio
  • Crecimiento y diferenciación de eosinófilos
  • Quimiotaxis y activación de eosinófilos
  • Proliferación de linfocitos B
  • Estímulo de secreción de IgA

IL-6

  • Linfocitos T, fibroblastos, endotelio
  • Desarrollo de megacariocitos
  • Diferenciación de linfocitos B a plasmacitos
  • Síntesis hepática de proteínas de fase aguda

IL-9

  • Linfocitos T fenotipos Th2/Th0
  • Estímulo de mastocitos
  • Crecimiento de linfocitos T

IL-10

  • Linfocitos T, algunos linfocitos B, monocitos, queratinocitos y células dentríticas
  • Inhibición de la presentación del antígeno por macrófagos
  • Activación de linfocitos B
  • Inhibición de la secreción de citocinas proinflamatorias

IL-11

  • Fibroblastos y estroma de médula ósea
  • Sinergia para hematopoyesis
  • Síntesis de proteínas en fase aguda
  • Estimulación de los fibroblastos y de la fibrosis

IL-12

  • Células dendríticas, linfocitos B y macrófagos
  • Estimulación de la diferenciación a Th1
  • Inducción de la síntesis de IFN-gamma
  • Activación de las células NK

IL-13

  • Linfocitos T, mastocitos y basófilos
  • Producción de IgG4 e IgE
  • Crecimiento y diferenciación de linfocitos B
  • Inhibición de citocinas proinflamatorias

IL-18

  • Fagocitos
  • Aumento de la síntesis de IFN-gamma sinérgicamente con IL-12

Tabla 3. Productos contenidos en el interior de los gránulos de los eosinófilos

Moléculas

Función

Hidrolasas lisosomales

Degradación de diferentes moléculas

Lisofosfolipasas

Degradación de fosfolípidos de membrana

Neurotoxinas

Actividad de ribonucleasa

Proteína básica principal

Toxicidad para células eucariotas

Proteínas catiónicas

Toxicidad para células eucariotas y procariotas

¿Cómo se producen las reacciones alérgicas?

Las reacciones alérgicas técnicamente se denominan reacciones de hipersensibilidad inmediatas. Tras tener un primer contacto con el alérgeno (por ejemplo, el polen), se produce una captación de éste por parte de unas células llamadas células presentadoras de antígeno, que lo procesan en su interior y lo presentan a los linfocitos T, que a su vez interaccionan con los linfocitos B, los cuales producen IgE específica frente a ese polen concreto. Esta IgE se unirá a los mastocitos y los basófilos, células que contienen receptores para la IgE en su superficie. Hasta aquí, el paciente no siente nada, ni experimenta ningún síntoma de alergia. Este proceso puede durar varios días, meses o años y se denomina sensibilización (el individuo se hace sensible a ese alérgeno, el polen en el caso que hemos puesto de ejemplo). Éste es el punto de inflexión a partir del cual el individuo se ha hecho alérgico. Es algo muy importante, ya que aunque se nazca con predisposición genética para hacerse alérgico, la enfermedad no se desarrollará si no se ha estado durante un cierto tiempo en contacto con el alérgeno responsable. Esto determina algo fundamental que será la regla en todas las enfermedades de causa alérgica: la imposibilidad de presentar síntomas en una primera exposición o contacto; por ejemplo, un individuo que ingiere por primera vez una fruta tropical no podrá presentar síntomas alérgicos tras su ingesta esta primera vez. A partir de entonces, la evolución puede ser diferente: bien seguirá tolerando esta fruta sin problemas siempre; o por el contrario, a partir de esa primera, segunda, tercera o x toma, se habrá sensibilizado y manifestará síntomas de alergia en futuras ingestas.

En una exposición posterior, los pólenes que vuelven a ponerse en contacto con el sistema inmunitario son dirigidos directamente hacia los anticuerpos IgE específicos que ya habían sido secretados, y que se encuentran unidos a la superficie de los mastocitos y basófilos. Es entonces, al contactar el alérgeno (polen) y el anticuerpo (IgE específica frente al polen), cuando se produce una pequeña explosión que hace que el mastocito o basófilo liberen el contenido de sus gránulos, llenos de histamina y otras sustancias con potente actividad inflamatoria (véase tabla 1). Esto ocurre a los 15-20 minutos de inhalar el polen, al cual el individuo está sensibilizado y empezará a notar los síntomas típicos de la alergia nasoocular y respiratoria (picor de nariz y ojos, estornudos, lagrimeo, obstrucción nasal, destilación de secreciones acuosas por la nariz, tos, opresión torácica, dificultad respiratoria) producidos por la acción de la histamina y demás sustancias liberadas. Esta fase se conoce como reacción alérgica aguda.

De cuatro a seis horas después de esta reacción inflamatoria (véase figura 5), se produce otra reagudización, sin la participación de nuevos pólenes. Esta ocurre debido a unos productos que se liberaron junto con la histamina, y que tienen como misión atraer al lugar donde se produce la inflamación unas células, los eosinófilos principalmente, que liberan su contenido interior, formado por sustancias muy eficaces para destruir a los parásitos, sin haberlos en esta ocasión. Es entonces cuando se empieza a dañar e inflamar, de una forma más crónica, la conjuntiva de los ojos, la mucosa de la nariz y/o de las vías respiratorias, perpetuándose los síntomas de la conjuntivitis, rinitis y/o asma bronquial. A esta fase se le denomina reacción alérgica tardía.

FIGURA 5. Composición A, B, C (mecanismo de la reacción alérgica)

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¿Qué es y para qué sirve el sistema del complemento?

El sistema del complemento es un elemento importante en la defensa del organismo. Está constituido por un conjunto de más de treinta sustancias diferentes que circulan por la sangre y que se activan por diferentes estímulos. Algunas de estas proteínas son capaces de unirse a la membrana de los microorganismos invasores, y activar un mecanismo directo para su destrucción.

En ocasiones, tiene lugar un desajuste en la regulación de este sistema del complemento, y se produce una activación incontrolada sin necesidad, lo que da lugar a episodios de edema (hinchazón) en cualquier localización del cuerpo. Es la manifestación de una enfermedad conocida como angioedema hereditario.

¿Qué es la hipersensibilidad retardada?

En contraposición a las reacciones alérgicas mediadas por la IgE que se desencadenan rápidamente tras exponerse a un alérgeno (reacciones de hipersensibilidad inmediata), existe otro tipo de reacción del sistema inmunitario denominada de hipersensibilidad retardada. Este tipo de reacciones difieren su desarrollo en más de 12 horas tras la exposición al antígeno. En ellas, están implicados mecanismos de inmunidad celular (linfocitos T), a diferencia de las reacciones de hipersensibilidad inmediata que se encuentran fundamentalmente mediadas por los anticuerpos IgE. La sensibilización se produce tras la penetración del antígeno, generalmente a través de un contacto con la piel, que es capturado por las células presentadoras de antígeno y presentado a los linfocitos T en los ganglios regionales. Los antígenos presentados activan estos linfocitos locales y se inicia la secreción de citocinas que serán liberadas localmente, causando un daño celular y las manifestaciones clínicas típicas de este tipo de reacción, como son los eccemas en la piel por alergia a los materiales de bisutería.

También, en este caso, se trata de una desviación de la respuesta inmunitaria ordinaria, de carácter defensivo contra bacterias y hongos. Sin embargo, al unirse sustancias inocuas, por ejemplo el níquel, a las proteínas de la piel, se originan unos complejos extraños al organismo, contra los cuales se desencadena una reacción alérgica, con la consecuencia de un daño local, el eccema alérgico.

Resumen

  • El sistema inmunitario es un complejo sistema de reconocimiento con funciones defensivas, de cuya integridad depende la salud del individuo. En ocasiones, se producen alteraciones en sus funciones que producen enfermedades, entre ellas, las enfermedades alérgicas.
  • Estas enfermedades se producen en los individuos susceptibles, después de ser sensibilizados por un alérgeno (polen, alimento, etc.) y contactar de nuevo con él. Es característica la producción de IgE (inmunoglobulina E).
  • En la reacción alérgica participan distintas células, principalmente: mastocitos, basófilos, linfocitos y eosinófilos. El desencadenamiento de una reacción alérgica supone la liberación de mediadores inflamatorios, contenidos en el interior de mastocitos y basófilos, que son los responsables inmediatos y tardíos de los síntomas que padecen los pacientes.

Bibliografía

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Igea, J. M., y M. Palomero. Alergia: la epidemia del siglo xxi. Málaga: Editorial Arguval, 2005.

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Pelta, R., y E. Vivas.Las flores del mal o la primavera del alérgico. Madrid: Editorial I. M. & C., 1994.

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